«Bienaventurados los que saben que detrás de todos los lenguajes se halla lo inexpresable.» Rainer Maria Rilke 1875-1926
Hornacina de cristal, tintas sobre papel de arroz. 14 x 24cm. Barcelona, 2012
La frase que acompaña esta pieza no funciona como introducción narrativa, sino como límite. Desde ese umbral, Cosas que no se pueden contar desarrolla una investigación sobre aquello que permanece fuera del lenguaje articulado: lo íntimo, lo inconfesable, los secretos familiares y las experiencias que sobreviven únicamente como huella emocional o tensión silenciosa.
La obra adopta la forma de una pequeña hornacina de cristal que contiene un papel de arroz escrito con tinta china, estrujado y encapsulado como si se tratara de un antiguo manuscrito preservado fuera del tiempo. Sin embargo, la escritura resulta ilegible. El texto existe materialmente, pero su contenido permanece inaccesible. Esa imposibilidad de lectura constituye el núcleo conceptual de la pieza.
Dentro de la práctica de Marcela Jardón, la escritura aparece frecuentemente desplazada desde la comunicación hacia la percepción. Aquí, el lenguaje deja de transmitir información para convertirse en resto físico, en condensación de una experiencia que no puede ser dicha completamente. El papel arrugado conserva la violencia del gesto, como si el acto de ocultar y el de preservar ocurrieran simultáneamente.
La estructura de la hornacina introduce además una dimensión cercana al objeto de culto o a la reliquia. El manuscrito queda protegido, aislado y expuesto al mismo tiempo. Esa tensión transforma lo privado en algo casi ceremonial: un secreto convertido en presencia material. No se trata de revelar una confesión, sino de hacer visible la existencia misma de aquello que permanece oculto.
La pieza trabaja también sobre una paradoja fundamental: aquello que más profundamente nos constituye suele resistirse al lenguaje directo. Los traumas, las culpas, los silencios heredados o ciertas memorias afectivas no desaparecen por no ser nombrados; permanecen encapsulados dentro de estructuras invisibles que organizan la experiencia.
Más que construir una narrativa autobiográfica, Cosas que no se pueden contar investiga la relación entre silencio y forma. La obra convierte el lenguaje ilegible en un espacio de proyección donde el espectador no accede a un relato específico, sino a la experiencia universal de aquello que nunca termina de decirse.
Exhibido en:
· Arts Libris FIRA INTERNACIONAL DE LLLIBRE D’ART I DISSENY, Barcelona 2012
· Otras escrituras… Bulevard dels Antiquaris, Barcelona 2018





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