Emptiness

La serie Emptiness desplaza la investigación de Marcela Jardón desde la lógica de la capa urbana —desarrollada en series como Urbanas y Mutando, donde la ciudad se entiende como estrato de acumulación, desgaste y borrado— hacia un territorio donde esa misma materia se reduce hasta su umbral de desaparición perceptiva. Lo que en trabajos anteriores era superficie en transformación, aquí se convierte en suspensión: un campo pictórico donde la forma pierde estabilidad sin llegar a desaparecer por completo.

 

  0049. Acrílico sobre lienzo, 116 x 73 cm

 

En este punto, el vacío no aparece como ausencia literal, sino como condición activa de la percepción. La pintura se articula mediante neblinas cromáticas, veladuras y condensaciones de pigmento que generan espacios ambiguos, donde lo visible se mantiene en un estado de latencia. Estas atmósferas no representan la nada, sino que la insinúan como tensión entre aparición y retirada de la imagen.

 

La idea de la Nada atraviesa la serie como una construcción conceptual inestable: no como entidad, sino como límite de la experiencia visual. No es algo que pueda ser representado directamente, sino una noción que se activa en la percepción misma, oscilando entre lo abrumador y lo liberador. En este sentido, el vacío no es negación, sino un campo donde la imagen insiste en su propia fragilidad.

 

  5127. Acrílico sobre lienzo, 90 x 60 cm

 

Las obras operan desde un gesto pictórico contenido, donde los pigmentos funcionan como materia suspendida. La pintura no busca afirmarse como forma cerrada, sino como resonancia: un espacio donde el sentido se retira parcialmente para dejar aparecer una presencia tenue, casi silenciosa. Este desplazamiento convierte lo que podría ser un límite en un espacio habitable de percepción.

 

Dentro de la evolución de la práctica de Jardón, Emptiness puede entenderse como una prolongación radical de la investigación sobre lo urbano como estrato. Si en Urbanas y Mutando la ciudad se construía a través de capas, acumulaciones y restos, aquí esa lógica se invierte hacia su grado de disolución, donde lo que persiste no es la materia sólida sino su huella perceptiva.

 

  5124. Acrílico sobre lienzo, 120 x 60 cm

 

En este contexto, la serie no representa la Nada, sino que trabaja con la imposibilidad de fijarla como experiencia estable. La pintura se sitúa así en un punto límite donde percepción, materia y ausencia se articulan como un mismo campo en tensión, abierto y continuamente inestable.

 

 

 

The emptiness founded us…

Urgando en la idea de la Nada, en la sensación de la Nada, por momentos abrumadora, y por momentos liberadora.
La Nada no existe.
Es algo tan abstracto, que no se puede experimentar en la existencia. Sólo imaginarla.

 

 

 

  CATÁLOGO

 

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