Cuando hablo de paisaje, no me refiero a una representación de la naturaleza ni a un territorio reconocible, sino a una construcción perceptiva. El paisaje aparece aquí como una experiencia espacial vinculada a la memoria, al desplazamiento y a la forma en que organizamos internamente el espacio y el tiempo.
Estas pinturas se desarrollan como estructuras abiertas donde distintas capas de color, densidad y transparencia construyen campos de transición y espacialidades inestables. La superficie pictórica funciona como un lugar de sedimentación temporal: cada capa modifica la anterior y deja visibles rastros de un proceso continuo de construcción y desaparición.
La horizontalidad opera como una estructura de suspensión más que como una referencia al horizonte tradicional. No hay un punto fijo de observación ni una descripción del entorno. El espacio se organiza a través de tensiones perceptivas, desplazamientos de profundidad y relaciones atmosféricas que sitúan al espectador en una experiencia fluctuante entre proximidad y distancia.
Aunque las obras evitan la representación directa, mantienen vínculos con formas de percepción asociadas al paisaje: topografías, líneas de horizonte, accidentes geológicos o huellas territoriales aparecen como referencias inestables, parcialmente reconocibles, nunca completamente definidas.
La pintura no busca representar un lugar, sino construir las condiciones para una experiencia espacial y temporal abierta, donde percepción, memoria y materia permanecen en transformación constante.
Habitamos muchas dimensiones lineales y no lineales.
El paisaje atraviesa dimensiones físicas, emocionales, mentales y psíquicas, licuando el espacio y el tiempo.
Mis pinturas son fragmentos de paisajes que solo existen en esa dimensión fuera del espacio y el tiempo.
I : Horizontes
Esta primera fase de los “Floating Landscapes”, despliega una estructura visual basada en franjas horizontales que evocan la idea de territorio suspendido, como si los paisajes hubieran sido fragmentados y flotaran en una dimensión intermedia.
6161. Acrílico sobre tela, 73 x 60cm
La pintura se convierte aquí en una cartografía abstracta: bandas de color superpuestas, con ritmos precisos y armonías contrastadas. El espacio no está definido, sino sugerido, como si lo esencial del paisaje se despegara de su anclaje físico para volverse vibración, atmósfera, resonancia.
5716. Acrílico sobre tela, 130 x 90cm
Estas obras invitan a una mirada pausada: la horizontalidad es contención y fluidez, lo terrestre y lo aéreo conviviendo en un mismo plano pictórico.
La infinitud horizontal, por Ángel Alonso >>>
El paisaje revelado a partir del arquetipo, por Andrea García Casal >>>
II : Espacios
“Floating Landscapes II”, avanza hacia una síntesis espacial aún más radical. Se presenta como un espacio suspendido, sin ruido, donde la materia deja de insistir para dejar lugar a lo esencial. Esta serie se aleja del gesto expresivo o de la textura dominante, y avanza hacia una economía de medios que apunta a lo sutil.
9868. Acrílico sobre tela, 59 x 37cm
Planteo aquí un nuevo tipo de presencia: mínima, silenciosa, atenta. El vacío no es ausencia, sino umbral; una zona activa donde todo puede ocurrir.
5642. Acrílico sobre tela, 73 x 50cm
Estas obras no buscan impactar: proponen un estado. Nos invitan a un contacto con la calma, con la suspensión, con la posibilidad de ver sin aprehender del todo. Una experiencia contemplativa que se aleja del exceso para reconectarnos con lo leve y lo interior.
III : Atmósferas
“Floating Landscapes III” es una inmersión en la materialidad misma del paisaje. Aquí, se da protagonismo absoluto a la textura: las superficies se espesan, se erosionan, se tensan. El color se vuelve piel, tierra, superficie porosa.
9878. Acrílico sobre tela, 90 x 130cm
Estas obras funcionan como territorios que han sido recorridos, tallados, tocados. La artista convierte la pintura en un campo táctil que retiene huellas, capas, presencias. La noción de paisaje, ya completamente abstraída, se manifiesta como memoria física y energética.
5841. Acrílico sobre tela, 150 x 150cm
Hay en esta serie una tensión entre lo telúrico y lo atmosférico: las texturas parecen emerger desde lo profundo, como si revelaran capas geológicas del color. Jardón hace del acto pictórico un ejercicio casi arqueológico.
Metallic:
“Metallic” es una serie que introduce el brillo como acontecimiento pictórico. En estas obras, se explora el uso del metalizado no como adorno, sino como energía fluctuante: reflejo, alteración, ruptura de la superficie mate.
4758. Acrílico sobre tela, 97 x 130cm
Los toques metalizados aparecen como zonas de tensión: interrumpen el campo visual, lo hacen vibrar, lo modifican según la luz y el punto de vista del espectador. Esta dimensión cambiante introduce una temporalidad en la obra: lo que vemos se transforma.
1883. Acrílico sobre tela, 20x 24cm
Aquí juega con contrastes entre lo opaco y lo iridiscente, entre lo terroso y lo artificial. El resultado es una pintura expandida, que invita no solo a mirar, sino a moverse con ella, a dialogar con sus variaciones lumínicas.
«Si entendemos el espacio-tiempo como una dimensión indivisible, y decimos que el tiempo no existe, entonces, el espacio tampoco existe?
Quiero decir que si el tiempo es producto de la percepción, el espacio también lo es. La percepción nos invita al mismo tiempo que nos limita la idea de paisaje.
Entonces, cuando hablo de paisaje, es en un sentido amplio, que incluye las percepciones internas y externas, no necesariamente lo visible.
Paisaje como contexto espacio-temporal, se vuelve una representación topográfica vinculada al recuerdo, sensible, visual, afectivo, sintetizada internamente en una coordenada espacio temporal determinada.
La mayor parte del tiempo experimentamos paisajes en la mente. Tenemos la idea de un paisaje, la imagen de un paisaje, el recuerdo de un paisaje. Así, el paisaje se ha vuelto algo abstracto.
Habitamos muchas dimensiones lineales y no lineales.
El paisaje atraviesa dimensiones físicas, emocionales, mentales y psíquicas, licuando el espacio y el tiempo.
Mis pinturas son fragmentos de paisajes que solo existen en esa dimensión fuera del espacio y el tiempo.
Construidos a través de capas transparentes superpuestas, se van generando las diferentes texturas, las diferentes densidades, los diferentes colores, que conforman un clima determinado, con diferentes niveles de lectura en cada pintura.
Mis paisajes tienen una ausencia de descripción realista, pero generan la sensación de estar ante algo que es familiar, algo que anima al espectador a personalizar estos lugares a través de un instinto primordial de reconocer y pertenecer.»



















































































