muda (fotografías)

Muda desarrolla una investigación sobre transformación, fragilidad e identidad a partir de elementos mínimos y procesos silenciosos de cambio. En continuidad con otras líneas de trabajo de Marcela Jardón vinculadas al cuerpo, la memoria y la percepción, la serie desplaza esas cuestiones hacia una dimensión profundamente física y simbólica: la experiencia de habitar un cuerpo atravesado por el tiempo.

Tal como aparece planteado en el texto original de la obra, la idea de “muda” funciona aquí como proceso de desprendimiento y transición. Cambiar de piel implica abandonar una forma anterior sin que la nueva identidad llegue a estabilizarse completamente. Esa condición intermedia atraviesa toda la serie y organiza la relación entre materia, vulnerabilidad y transformación.

 

 

 

 

La figura femenina nunca aparece representada de manera directa. Su presencia emerge metafóricamente a través de pétalos de rosas frescos y secos, gotas de agua, caligrafías sin significado estable y una piel de serpiente abandonada. Cada uno de estos elementos funciona como una estructura simbólica vinculada a estados de transformación, desgaste, sensualidad, fragilidad y renovación. La piel desprendida introduce de manera explícita la idea de tránsito entre una forma y otra, mientras que los pétalos —en distintos estados de conservación— hacen visible la temporalidad del cuerpo y de la experiencia afectiva.

La escritura ocupa también un lugar importante dentro de la serie. Las caligrafías no buscan comunicar un contenido literal; operan como rastros corporales, ritmos y marcas próximas a la escritura asémica. El lenguaje aparece así desplazado hacia una dimensión perceptiva donde emoción, memoria y cuerpo permanecen parcialmente indeterminados.

 

 

 

 

Dentro de la práctica de Jardón, Muda introduce una reflexión sobre lo femenino entendida desde la transformación continua y no desde identidades fijas o representaciones estables. La obra se aproxima a ciertas sensibilidades del feminismo contemporáneo al pensar el cuerpo como territorio mutable, atravesado por procesos físicos y emocionales que permanecen muchas veces invisibilizados o fuera de los relatos dominantes.

La contención formal de la serie refuerza esta dimensión. Nada en las obras busca espectacularizar el cambio; por el contrario, la transformación aparece como un proceso lento, silencioso y acumulativo. Los materiales delicados, las transparencias y los gestos mínimos construyen un espacio perceptivo donde presencia y desaparición conviven constantemente.

Más que representar una identidad femenina cerrada, Muda investiga estados de transición. La serie convierte elementos frágiles y efímeros en formas de pensamiento visual sobre el tiempo, el cuerpo y la posibilidad de transformación continua.

 

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«El interés de representar ésta idea simbólica y metafóricamente con una piel de serpiente conlleva la intención de adoptar un medio de visibilizar un proceso reiterado de muerte y renacimiento como es la menopausia.
El período menopáusico significa un final, pero también ofrece la expansiva libertad de los nuevos comienzos.
En la multiplicidad de roles que por mandato las mujeres asumen, van dejando muchas pieles en su camino, pero renacen y se tornan poderosas. Del mismo modo que la serpiente va mudando su piel, para renovarse, para ser otra y la misma, en su andar va dejando una marca, una “escritura realizada con su cuerpo”.

He tomado la imagen de la serpiente, (temida en algunas culturas y adorada en otras) en defensa de Lilith, la mujer serpiente, conocedora de los secretos, tentando a la nueva madre de la humanidad (según la versión religiosa tradicional). En realidad la supuesta caída en el pecado es el argumento que el patriarcado inventa para sojuzgar a la mujer, mediante la herramienta del vergonzoso sentimiento de culpa. La humanidad no sufre por poseer el conocimiento sino por carecer de él. Frente a la mujer dominada y sometida por el Hombre y su Dios, la indómita Lilith se rebela, reivindicando su igualdad y libertad. Cuando ésta se le deniega Lilith abandona a sus dominadores y deambula buscando forzadamente un poder y un conocimiento que la redima. Es la reflexión en soledad lo que la despierta y activa su corazón para iniciar la búsqueda del conocimiento.
La Lilith no como símbolo del mal, sino como poseedora de una sabiduría que han querido invisibilizar.
Para un patriarcado orientado sobre todo hacia la juventud, convertirse en mujer mayor es convertirse en alguien invisible, en una no-entidad. Pero desde una visión «arquetípica» esta etapa es una época de plenitud e integración personal, en la cual nuestros actos devengan la expresión de nuestra identidad más profunda. Es la puerta de entrada a la sabiduría, el poder y la libertad.

La pulsión de asumir la propia libertad, la acción ética de abrir camino, esto supone reafirmar la visibilización de la posición de la mujer por medio lo evitado, lo evocado, lo repetido, lo prohibido-deseado.» Marcela Jardón.  (Texto corregido por Arq. Noemí Di Carlo) 2013

 

Instalación en La 19ª edició de la mostra d’art de dones FEMART  3 – 31 d’octubre del 2013,  Sala d’exposicions de Ca la Dona, Barcelona

Muda (Instalación)

Muda (video)

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