Objeto / Memoria / Lenguaje (2005 – 2015)

Entre 2005 y 2015, Marcela Jardón desarrolló un conjunto de libros de artista, objetos, fotografías e instalaciones que investigan las relaciones entre memoria, lenguaje y experiencia. Lejos de entender el lenguaje como un instrumento transparente de comunicación, estas obras lo abordan como un territorio de desplazamientos, omisiones, fragmentos y huellas, donde aquello que permanece oculto resulta tan significativo como aquello que puede decirse.

Un aspecto central de este conjunto de trabajos es su condición híbrida. Fotografía, escritura, dibujo y objeto dejan de funcionar como categorías separadas para articular sistemas abiertos de construcción de sentido. Libros de artista, fotografías intervenidas, objetos, manuscritos y estructuras narrativas abiertas configuran un territorio de trabajo donde imagen, texto y materia operan como partes de un mismo lenguaje. En muchas de estas piezas, la escritura pierde su función comunicativa convencional para transformarse en gesto, ritmo y construcción visual. Las caligrafías, anotaciones y signos que recorren la obra no buscan transmitir mensajes descifrables, sino explorar un espacio intermedio donde la escritura funciona como imagen, el dibujo como lenguaje, el objeto como soporte narrativo y las formas fragmentarias de organización visual permanecen abiertas a múltiples interpretaciones.

Manuscritos ilegibles, archivos imaginarios, fotografías intervenidas, objetos encontrados y estructuras narrativas abiertas conforman una investigación sostenida sobre los límites de representación de la experiencia. La memoria aparece aquí no como reconstrucción fiel del pasado, sino como un proceso inestable de selección, pérdida y transformación. Del mismo modo, el lenguaje deja de funcionar como vehículo de certeza para convertirse en materia visual, vestigio y signo.

Series como Libro negro (Crónica de una herencia), Cosas que no se pueden contar, Otras narrativas desde el silencio y Recordatorios constituyen los núcleos principales de esta investigación. En ellas, la artista explora cuestiones vinculadas a la transmisión cultural, los relatos familiares, la construcción de identidad y la fragilidad de toda forma de conocimiento.

Por otra parte, proyectos como Orquídeas, Presencias cotidianas e Intangibles desplazan estas preocupaciones hacia el terreno de la percepción y la experiencia. A través del duelo, la atención a aquello que merece ser recordado o la imposibilidad de fijar aquello que permanece cambiante e inasible, estas series anticipan algunas de las búsquedas centrales de la pintura posterior: la construcción de experiencias perceptivas a partir de elementos mínimos, la inestabilidad de la imagen y la aparición de sentido desde estructuras abiertas.

Vista en perspectiva, esta etapa constituye uno de los antecedentes conceptuales más importantes de la producción posterior de Jardón. Muchas de las preguntas que más tarde aparecerán en sus dibujos y pinturas —la temporalidad, la percepción, la ausencia, la aparición de la imagen y las formas de orientación dentro de espacios inestables— encuentran aquí sus primeras formulaciones. Antes de convertirse en campos espaciales, atmósferas o paisajes perceptivos, estas preocupaciones se manifiestan como objetos, textos, imágenes y fragmentos de memoria que interrogan las posibilidades mismas de narrar, registrar y dar forma a la experiencia.

 

No son textos para ser leídos, sino formas visuales que hacen visible el acto de escribir. El lenguaje aparece despojado de su función comunicativa para convertirse en materia visual