Orquídeas (las cosas que no te dije) surge a partir de una experiencia de pérdida atravesada por la distancia:
“Mi madre murió repentinamente. Yo estaba a doce mil kilómetros de distancia, y entonces, caí en cuenta de muchas cosas que no le había dicho.”
Sin embargo, la serie no se construye desde el relato autobiográfico directo, sino desde una investigación sobre aquello que permanece suspendido entre memoria, lenguaje y ausencia. Las flores secas, los textos fragmentarios y las estructuras transparentes funcionan como dispositivos de contención donde el tiempo parece preservarse de forma frágil e inestable.
Esta serie desplaza muchas de mis investigaciones previas sobre percepción y estratificación material hacia un territorio más íntimo y silencioso. La escritura deja aquí de funcionar como comunicación explícita para convertirse en huella visual y resto emocional. Las palabras aparecen incompletas, parcialmente ocultas o suspendidas, como si el lenguaje ya no pudiera fijar completamente aquello que intenta conservar.
La fragilidad ocupa un lugar central en las obras. Las orquídeas preservan simultáneamente presencia y deterioro; los materiales transparentes protegen y exponen al mismo tiempo. Cada pieza se organiza a partir de una tensión constante entre permanencia y desaparición, entre archivo y pérdida.
Más que representar el duelo, la serie construye un espacio perceptivo donde memoria, materia y silencio permanecen contenidos en equilibrio precario. Lo no dicho no aparece como vacío narrativo, sino como una forma de presencia latente que continúa actuando en la superficie de las cosas.